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Activismo y derechos humanos
12 preguntas · Sociedad y vida diaria
Cambiar el mundo no siempre empieza con un ejército o con un cargo. A veces empieza con una muchacha que se niega a levantarse de su asiento en el autobús, con un cuaderno escondido en una casa trasera de Ámsterdam, con unas octavillas repartidas de noche en una universidad, o con una adolescente sentada sola ante un parlamento con un cartel pintado a mano.
Este paquete reúne a mujeres que se enfrentaron a un poder muy superior al suyo: contra la esclavitud, contra la dictadura nacionalsocialista, contra la segregación racial, contra la prohibición de que las niñas fueran a la escuela, contra la destrucción del medio ambiente. Algunas pagaron con la vida (Sophie Scholl con veintiún años, Rosa Luxemburgo asesinada en 1919), otras pasaron décadas presas, y unas pocas vivieron para ver cómo sus ideas se volvían mayoría.
Lo que las une no es una época ni un país, sino un mismo gesto: negarse a aceptar como inevitable algo que todo su entorno daba por normal. Harriet Tubman podía haberse quedado a salvo en el norte libre y volvió trece veces al sur esclavista. Emilie Schindler podía haber mirado hacia otro lado en su propia fábrica. Malala Yousafzai siguió hablando después de que le dispararan en la cabeza.
Sus historias también recuerdan que el reconocimiento suele llegar tarde, y a veces nunca del todo: durante décadas, la aportación de Emilie Schindler quedó a la sombra de la de su marido. Reconocerlas es, por eso, parte de hacerles justicia.
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