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Ada Lovelace
12 preguntas · Sociedad y vida diaria
Ada Lovelace nace en Londres en 1815, única hija legítima del poeta lord Byron, el hombre más escandaloso de la Inglaterra de su tiempo, que abandona a la familia cuando ella tiene apenas unas semanas. Su madre, matemática aficionada y mujer de carácter, le hace estudiar álgebra y geometría desde niña con un propósito muy concreto: neutralizar la temida «vena poética» heredada del padre. El remedio funciona a medias. Ada se convierte en matemática, sí, pero en una que habla de «ciencia poética» y sostiene que la imaginación es la virtud más importante de quien investiga.
A los diecisiete conoce en una velada londinense a Charles Babbage, que lleva años ideando máquinas de calcular. La fascinación es inmediata y dura toda la vida: Ada se convierte en su interlocutora más aguda. Apoyada por la científica Mary Somerville y por el lógico Augustus De Morgan, profundiza en las matemáticas mientras se casa, tiene tres hijos y pasa a ser condesa de Lovelace.
En 1843 traduce del francés un artículo sobre la máquina analítica que Babbage proyecta, y le añade unas notas propias que acaban siendo casi tres veces más largas que el texto original. En la célebre «Nota G» describe paso a paso cómo la máquina podría calcular los números de Bernoulli: eso se considera hoy el primer programa informático publicado. Más visionaria aún es su intuición de que una máquina así no tendría por qué limitarse a los números, sino que podría manipular cualquier símbolo y llegar a componer música. Ahí pensó más lejos que el propio Babbage.
La máquina analítica nunca se construyó, y Ada murió de cáncer en 1852, con solo 36 años; quiso ser enterrada junto al padre al que jamás conoció. Su fama llegó un siglo después, cuando la joven informática redescubrió sus notas: en 1980 el Departamento de Defensa estadounidense bautizó un lenguaje de programación con su nombre, y cada octubre se celebra el Día de Ada Lovelace en honor de las mujeres científicas.
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