🩰
Ballet
16 preguntas · Música
El 23 de febrero de 1653 apareció en un escenario de París un bailarín de catorce años cubierto de rayos dorados. En el «Ballet royal de la nuit» encarnaba al sol naciente, y además era rey: Luis XIV. Al joven monarca le apasionaba bailar, y en su corte un pasatiempo cortesano se convirtió en un arte escénico con reglas fijas. En 1661 fundó la Académie royale de danse. Por eso los pasos siguen teniendo nombres franceses en todo el mundo: en Moscú, Tokio o Nueva York la clase empieza con el plié en la barra, un giro sobre una pierna es una pirouette y una pose estirada es una arabesque.
En el siglo XIX el Romanticismo conquistó los teatros. En 1832 Marie Taglioni flotó por el escenario como un espíritu del aire en «La sílfide», sobre las puntas de los pies y con una falda de tul hasta la pantorrilla. De esos comienzos nacieron las zapatillas de punta y el tutú, emblemas de la bailarina. Nueve años después llegó «Giselle», la historia de una campesina que tras su muerte cae entre las willis, espíritus vengativos de novias abandonadas. En 1870 se estrenó en París «Coppélia», donde un joven se enamora de una muñeca mecánica.
Después el centro se trasladó a Rusia. El francés Marius Petipa dio forma en San Petersburgo al estilo que hoy llamamos clásico y creó con Piotr Chaikovski «La bella durmiente». «El lago de los cisnes» de Chaikovski, con la princesa Odette hechizada, y «El cascanueces» siguen entre las obras más representadas. En el siglo XX Serguéi Prokófiev escribió «Romeo y Julieta». Todo ello se baila en grandes teatros como el Bolshói de Moscú, el Mariinski de San Petersburgo y la Ópera de París, y el momento cumbre de la velada suele ser el pas de deux.
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