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Bertha von Suttner
12 preguntas · Sociedad y vida diaria
Cuando Bertha nace en Praga en 1843 es condesa Kinsky: vieja nobleza bohemia, pero sin fortuna: su padre muere antes de que ella nazca. A los treinta se emplea como institutriz en casa de los Suttner, en Viena, y se enamora precisamente del hijo menor, Arthur. Su familia se opone en redondo. Así que los dos se casan en secreto en 1876 y huyen al Cáucaso, a Georgia, donde malviven nueve años dando clases de idiomas y escribiendo.
Poco antes, Bertha había respondido a un anuncio de periódico y pasado unas semanas en París como secretaria de un tal Alfred Nobel. Del breve empleo nació una correspondencia de por vida y esa correspondencia haría historia: su tenaz defensa de la causa de la paz pasa por el empujón decisivo para que el inventor de la dinamita dotara también un premio de la paz en su testamento.
En 1889, un solo libro la hace mundialmente famosa de golpe: «¡Abajo las armas!», la historia de una mujer que lo pierde todo en las guerras de su época. La novela se traduce a más de una docena de lenguas y Lev Tolstói compara su efecto con el de «La cabaña del tío Tom». De la escritora nace la voz más conocida del movimiento pacifista europeo: en 1891 funda la Sociedad Austriaca de la Paz, viaja a congresos por toda Europa y asiste a la Conferencia de Paz de La Haya de 1899 como única mujer. Los burlones la llaman «Bertha la de la paz»: ella sigue impasible.
En 1905 recibe, como primera mujer, el premio Nobel de la Paz: justo el premio que sin ella quizá no existiría. La gran guerra contra la que advirtió toda su vida ya no tuvo que verla: murió en Viena el 21 de junio de 1914, una semana antes del atentado de Sarajevo. Austria la honra hasta hoy con su retrato en la moneda de 2 euros.
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