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Ciencia e inventos en español
18 preguntas · Ciencia
A finales del siglo XIX, un médico navarro que de niño quería ser pintor se pasaba las noches dibujando lo que veía al microscopio. Aquellos dibujos de tinta, de una precisión asombrosa, demostraron que el sistema nervioso está formado por células independientes, las neuronas, y le valieron a Santiago Ramón y Cajal el Nobel de Medicina de 1906. Medio siglo después, el asturiano Severo Ochoa lo recibiría por sus trabajos sobre la síntesis del ARN, y una de sus discípulas, Margarita Salas, acabaría descubriendo en Madrid la ADN polimerasa del virus phi29, cuya patente dio al CSIC más dinero que ninguna otra.
La historia de los inventos españoles está llena de genios que se adelantaron a su tiempo. En 1606, Jerónimo de Ayanz patentó una máquina de vapor para desaguar minas; en 1859, Narcís Monturiol sumergió su Ictíneo en el puerto de Barcelona, y en 1888 se botó el submarino eléctrico de Isaac Peral. Leonardo Torres Quevedo controló un barco a distancia con su Telekino y construyó una máquina que jugaba finales de ajedrez, y Juan de la Cierva hizo volar en Getafe el autogiro, abuelo del helicóptero. Más cerca de la vida diaria quedan la fregona con escurridor de Manuel Jalón, el caramelo con palo de Enric Bernat, el Talgo de Alejandro Goicoechea o la «enciclopedia mecánica» de la maestra Ángela Ruiz Robles, precursora del libro electrónico. Hasta el futbolín tiene padre oficial, Alejandro Finisterre, aunque su autoría se discute.
Al otro lado del Atlántico, Argentina reunió tres premios Nobel científicos: Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir y César Milstein. Y el mexicano Mario Molina avisó al mundo de que los CFC estaban agujereando la capa de ozono. Sin olvidar a Miguel Servet, que describió la circulación pulmonar y pagó sus ideas en la hoguera.
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