📖
Cómics e iconos de la infancia hispana
17 preguntas · Sociedad y vida diaria
Durante décadas, en España a los cómics no se les llamó cómics, sino tebeos. La culpa la tuvo una revista barcelonesa nacida en 1917, el TBO, cuyo nombre se leía igual que la palabra que acabaría entrando en el diccionario. Tras la Guerra Civil, la editorial Bruguera llenó los quioscos de personajes que retrataban con humor la España del hambre y la picaresca: Carpanta, el vagabundo que soñaba con un pollo asado bajo su puente, y Zipi y Zape, los gemelos traviesos de José Escobar, que sacaban de quicio a su padre, el catedrático don Pantuflo Zapatilla. En 1958 Francisco Ibáñez presentó a Mortadelo y Filemón, los agentes más chapuceros de la T.I.A., y décadas después Jan convirtió a un oficinista llamado Juan López en Superlópez, la gran parodia española de Superman. Para quien prefería la aventura estaba el Capitán Trueno, el caballero medieval de Víctor Mora y Ambrós, siempre con Goliath y Crispín a su lado.
Al otro lado del Atlántico, la historieta tenía acento propio. En Buenos Aires, Quino dibujó entre 1964 y 1973 a Mafalda, la niña que odiaba la sopa y se preocupaba por la paz del mundo, y antes Dante Quinterno había creado a Patoruzú, un cacique tehuelche tan rico como forzudo. En Chile, Pepo llevó a Pelotillehue a Condorito, cuyos chistes terminan con alguien cayéndose de espaldas al grito de «¡Plop!».
La televisión hizo el resto. Desde México, Chespirito conquistó a todo el continente con el Chavo del 8, el niño de la vecindad que se escondía en un barril, y con el Chapulín Colorado y su chipote chillón. En España, varias generaciones crecieron con Espinete, el erizo rosa de «Barrio Sésamo», con las tardes de sábado de «La bola de cristal» y Alaska, y con el profesor Maestro de «Érase una vez… el hombre», la serie francesa que explicaba la historia de la humanidad. Ya en el siglo XXI, un niño vestido de azul, Pocoyó, salió de Madrid para hacerse famoso en medio mundo.
Practicar gratis
PurFact te vuelve a mostrar cada tarjeta justo antes de que la olvides. Así se queda lo aprendido.