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Comunitat Valenciana
10 preguntas · Geografía
Hay pocas fechas tan grabadas en la memoria valenciana como el 9 de octubre de 1238, el día en que Jaime I entró en la ciudad del Turia y fundó el Reino de Valencia. Por eso cada 9 de octubre la Real Senyera baja por el balcón del Ayuntamiento sin inclinarse ante nadie y la Comunitat celebra su día. Pero esta tierra se entiende mejor con los cinco sentidos que con los libros: con el olor a pólvora de las mascletàs, el calor de la cremà y el ruido ensordecedor de Las Fallas, que cada marzo convierten la capital en un museo efímero de cartón piedra que arde en una sola noche.
La historia también se cuenta en piedra y en agua. La Lonja de la Seda, catedral laica del comercio gótico, es Patrimonio de la Humanidad desde 1996; a pocos pasos, cada jueves a mediodía, los síndicos del Tribunal de las Aguas se sientan ante la puerta de los Apóstoles de la catedral para resolver de palabra, sin papeles y sin apelación, los pleitos de riego de la huerta. Esa huerta bebe del mismo sistema de acequias que llevó el arroz a La Albufera, la laguna donde nació la paella, y la chufa a Alboraya, de donde sale la horchata que se toma bien fría con fartons.
El siglo XX dejó su propia marca. Tras la riada de 1957, el Turia se desvió por el sur y su viejo cauce se convirtió en un jardín de nueve kilómetros, en cuyo extremo Santiago Calatrava levantó la futurista Ciudad de las Artes y las Ciencias. Y si alguien quiere ver cómo era la luz de esta costa antes de los rascacielos de Benidorm, basta con mirar los lienzos de Joaquín Sorolla, el pintor que atrapó el sol del Mediterráneo. Al sur, Alicante, la segunda ciudad de la Comunitat, presume de castillo de Santa Bárbara y de hogueras en junio.
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