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Diógenes de Sinope
12 preguntas · Filosofía
Diógenes, nacido hacia 413 a. C. en Sinope, ciudad del mar Negro, llega a Atenas (desterrado, según la leyenda, por un asunto de falsificación de moneda de su padre) y se convierte allí en el mayor escándalo público de la Antigüedad. Como discípulo de Antístenes, que predica la ausencia de necesidades, lleva esa doctrina al extremo: posesiones, convenciones, buenos modales: todo sobra. El sabio no necesita casi nada. Diógenes vive en un gran tonel de barro (más exactamente, una vasija de provisiones, el pithos), y cuando ve a un niño beber del hueco de la mano, tira también su vaso.
Su filosofía consiste en actos y en un humor mordaz. A plena luz del día recorre el mercado con una linterna: «¡Busco un hombre!». Los seguidores de su escuela se llaman cínicos: de la palabra griega para perro (kyon), porque Diógenes quiere vivir «perrunamente» desvergonzado y libre como un perro; de ahí viene nuestra palabra «cinismo». La anécdota más célebre: Alejandro Magno visita al filósofo y le ofrece cumplirle cualquier deseo. Diógenes, tumbado al sol, solo responde: «Apártate un poco de mi sol». Alejandro habría dicho, impresionado: «Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes».
Tras las provocaciones hay un programa serio: la autarquía (independencia de todo lo que se puede perder) y la vida «según la naturaleza» en lugar de según la convención. Fue el primero en llamarse «kosmopolites», ciudadano del mundo: preguntado de dónde venía, respondió: «Del mundo».
¿Sabías que Platón lo habría llamado «un Sócrates enloquecido»? Diógenes murió hacia 323 a. C. en Corinto: según la tradición, el mismo día que Alejandro Magno en Babilonia.
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