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Dmitri Shostakóvich
13 preguntas · Música
Dmitri Shostakóvich nace en 1906 en San Petersburgo (la ciudad que en su juventud se llamó Petrogrado y luego Leningrado) y de niño vive la Revolución rusa. Es el gran sinfonista de la era soviética, y compuso buena parte de su obra bajo una amenaza de muerte real: la de Stalin.
En 1936, el «Pravda» publicó el ataque «Caos en lugar de música»: Stalin había abandonado la víspera, antes de tiempo, su ópera «Lady Macbeth de Mtsensk». Shostakóvich tuvo durante meses una maleta hecha junto a la puerta, para que, si venían a buscarlo de noche, su familia no tuviera que verlo. Se rehabilitó en 1937 con la Quinta sinfonía, que firmó humildemente como «respuesta de un artista soviético a una crítica justa»; su final triunfal lo leen muchos como un júbilo forzado y hueco. En 1948 volvió la persecución: la campaña de Zhdánov lo condenó como «formalista», sus obras desaparecieron de las salas y piezas como el Primer concierto para violín (escrito para el gran David Óistraj) se quedaron años «en el cajón».
Su Séptima, la «Leningrado», nació durante el asedio alemán y se interpretó en 1942 en la propia ciudad sitiada y hambrienta, con altavoces apuntando también hacia las líneas alemanas; la partitura cruzó el frente en avión para estrenarse en Occidente. Escribió quince sinfonías y quince cuartetos de cuerda; los cuartetos pasan por su diario secreto, más privado y despiadado que las sinfonías oficiales. En muchas obras escondió su monograma musical D-Es-C-H (re, mi bemol, do, si), sus iniciales en escritura alemana, como una firma clandestina; el feroz scherzo de su Décima, compuesta justo tras la muerte de Stalin en 1953, lo leen muchos como un retrato del dictador y al final triunfa el propio D-Es-C-H.
Y una pasión insospechada: el fútbol. Era hincha fervoroso del Zenit de Leningrado, tenía título de árbitro y llamó al fútbol «el ballet de las masas». Murió en Moscú en 1975; cuánta lealtad al sistema y cuánta resistencia oculta hay en su música se discute todavía hoy.
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