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Dulces típicos de España
18 preguntas · Comida y bebida
En España, casi cada pueblo presume de un dulce propio, y muchos nacieron en conventos, en obradores familiares o en una fiesta concreta del calendario. Por Navidad mandan el turrón de Jijona, la pasta untuosa de almendra y miel que se elabora en la montaña alicantina, el mazapán de Toledo que, según la tradición, inventaron unas monjas con lo único que les quedaba en la despensa, y los polvorones de Estepa, que hay que apretar en la mano antes de desenvolverlos para que no se deshagan en polvo. En noviembre, los catalanes celebran la Castanyada con panellets cubiertos de piñones, y en mayo los madrileños salen a la pradera de San Isidro a por rosquillas tontas y listas.
Otros dulces llevan el nombre de su ciudad como un apellido. En Ávila, las yemas de Santa Teresa recuerdan a la santa más famosa de la ciudad; en Oviedo, los carbayones homenajean al viejo roble que presidía el centro; en Santiago de Compostela, la tarta de almendra lleva dibujada en azúcar la cruz del apóstol. En Arnedo se fríen fardelejos de hojaldre y almendra, en Almudévar se trenza una masa con frutos secos y en Olivenza, que fue portuguesa hasta 1801, se hornea la técula mécula. En Santa Fe, junto a Granada, un pastelero dedicó al papa Pío IX el pequeño pionono.
Las islas y la huerta tienen también lo suyo. En Mallorca, los viajeros embarcan con cajas octogonales de ensaimadas; en Murcia, los paparajotes se rebozan con hojas de limonero que nadie debe comerse; en Alboraya, los fartons se mojan en horchata. Y en el norte, los valles pasiegos de Cantabria hacen su quesada con leche de vaca, mientras en el País Vasco el goxua se sirve en cazuelita con la crema quemada por encima. Un viaje por España puede hacerse perfectamente de pastelería en pastelería.
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