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El Imperio español (siglos XVI-XVII)
18 preguntas · Historia
Cuando Carlos de Habsburgo nació en Gante en el año 1500, nadie imaginaba que aquel niño flamenco acabaría reuniendo la herencia de cuatro dinastías: Castilla con sus Indias, Aragón con Nápoles y Sicilia, Borgoña con los Países Bajos y el Imperio de los Austrias. Como Carlos I de España y Carlos V de Alemania gobernó medio continente. Sus tropas capturaron en Pavía al rey Francisco I de Francia, saquearon Roma en 1527 y vencieron a los protestantes en Mühlberg, la batalla que Tiziano inmortalizó con el emperador a caballo. Agotado, abdicó en 1556 y dejó España y los Países Bajos a su hijo Felipe.
Con Felipe II se dijo aquello de «el imperio donde nunca se pone el sol». Venció a Francia en San Quintín el día de San Lorenzo, fijó la corte en Madrid en 1561 y en 1580 sumó Portugal y su imperio asiático. Su hermanastro, don Juan de Austria, mandó la flota cristiana que derrotó a los otomanos en Lepanto. En Flandes, en cambio, la rebelión no se apagó ni con la dureza del duque de Alba: fue la guerra de los Ochenta Años. Y en 1588 la Gran Armada, mandada por el duque de Medina Sidonia, naufragó entre tormentas y cañones ingleses.
El imperio era también un sistema de caminos. Los tercios marchaban desde Milán hasta Bruselas por el Camino Español; la plata americana llegaba a Sevilla, donde la Casa de Contratación lo registraba todo desde 1503; y desde Manila, fundada por Miguel López de Legazpi, el galeón cruzaba el Pacífico hasta Acapulco cargado de seda y porcelana. En el siglo XVII llegaron todavía glorias como la rendición de Breda, que Velázquez pintó en «Las lanzas», pero en 1643 el joven duque de Enghien derrotó a los tercios en Rocroi, y la hegemonía española empezó a apagarse.
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