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El motor español
17 preguntas · Deporte
Durante décadas, el motor español fue cosa de motos pequeñas y de pilotos que se jugaban la vida en circuitos urbanos. Un chaval zamorano que empezó como aprendiz de mecánico en Madrid acabó sumando trece títulos mundiales, y cuando murió en 2017 el circuito de Jerez tomó su nombre: Ángel Nieto. Tras él llegó la generación que conquistó la categoría reina. Àlex Crivillé, de Seva, fue en 1999 el primer español campeón del mundo de 500 cc, y abrió la puerta a una avalancha: el mallorquín Jorge Lorenzo ganó tres títulos de MotoGP con Yamaha, Dani Pedrosa coleccionó coronas en 125 y 250 cc, y Marc Márquez encadenó seis campeonatos con Honda antes de volver a reinar con Ducati. Después vinieron Joan Mir con Suzuki y Jorge Martín con el equipo satélite Pramac.
En cuatro ruedas, Fernando Alonso no se conformó con sus dos títulos de Fórmula 1: con Toyota ganó dos veces las 24 Horas de Le Mans. Carlos Sainz, bicampeón mundial de rallies, siguió ganando en el desierto hasta levantar su cuarto Dakar en 2024, con 61 años, mientras su hijo, Carlos Sainz Jr., estrenaba su casillero de victorias en Fórmula 1 en Silverstone. En Estados Unidos, Álex Palou se convirtió en el rey de la IndyCar y en 2025 bebió la leche reservada al ganador de las 500 Millas de Indianápolis.
El Dakar merece capítulo propio: Nani Roma lo ganó en motos y en coches, y Laia Sanz, campeona de trial, firmó la mejor clasificación femenina de la historia en motos. Otra pionera, la murciana Ana Carrasco, fue la primera mujer en ganar un Mundial de velocidad. Y todo eso se vive en casa en escenarios como Montmeló, Cheste o el desierto turolense de Alcañiz, donde la afición llena las gradas cada temporada.
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