🕵️
Espionaje
16 preguntas · Historia
En la primavera de 1943, el mar arrojó frente a la costa de Huelva un cadáver con uniforme británico. Llevaba sujeto a la muñeca un maletín con cartas según las cuales los aliados pensaban desembarcar en Grecia. Los alemanes se lo creyeron. El muerto nunca había sido oficial, sino un vagabundo de Londres, y las cartas las había escrito el servicio secreto británico. La Operación Mincemeat sigue siendo un ejemplo de manual de que el espionaje tiene menos que ver con pistolas que con engaño, paciencia y papel.
En esa misma guerra, miles de mujeres y hombres descifraban en la finca de Bletchley Park los mensajes de radio de la Enigma alemana. En la Guerra Fría surgieron de ahí enormes aparatos: la CIA en Langley, el KGB en la Lubianka de Moscú, la NSA en Fort Meade, el MI6 británico, para el que trabaja James Bond en las novelas, y el Mosad, que persiguió a los responsables del atentado de los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972. El BND alemán estuvo durante décadas en Pullach, cerca de Múnich, antes de mudarse a Berlín. La Stasi dejó unos 111 kilómetros de expedientes.
El mundo de los servicios secretos tiene su propio idioma. Un topo asciende durante años dentro de una agencia ajena, un agente durmiente espera discretamente su misión, un agente doble sirve a dos señores y engaña a uno de ellos. El material cambia de manos a través de un buzón muerto sin que los implicados se vean nunca, a veces en un micropunto apenas mayor que un signo de puntuación. Y a veces todo sale mal: en 1960 la Unión Soviética derribó un avión estadounidense U-2, y en la Segunda Guerra Mundial la Gestapo desarticuló la red a la que llamó Orquesta Roja.
Practicar gratis
PurFact te vuelve a mostrar cada tarjeta justo antes de que la olvides. Así se queda lo aprendido.