🌍
Extranjerismos en español
18 preguntas · Idiomas
Cualquier frase en español es un pequeño viaje alrededor del mundo. Quien se pone la chaqueta para ir a un mitin está usando, sin saberlo, una palabra francesa y otra inglesa; quien pide un bistec con mermelada de postre mezcla el inglés con el portugués. El idioma ha ido recogiendo voces de todos los pueblos con los que se cruzó: de los árabes de al-Ándalus heredó el almacén, de los marinos portugueses el chubasco, y de los vecinos del norte la chabola, que el castellano tomó del vasco.
El encuentro con América fue el gran botín léxico. En las Antillas, los primeros españoles aprendieron de los taínos a dormir en hamaca y a cultivar el maíz; en México, el náhuatl les dio el coyote y el chicle, que nació como resina de un árbol que mascaban los mexicas; en los Andes, el quechua aportó la pampa, la gran llanura. Muchas de estas palabras saltaron después del español a otras lenguas europeas, de modo que el inglés debe su «maize» a un viaje de ida y vuelta por Sevilla.
Europa también dejó su huella. De Italia llegaron el balcón y el capricho, que Goya convirtió en título de una serie de grabados; de los Países Bajos, el dique; de Alemania, el vals y hasta el brindis, que según la explicación tradicional nace de una fórmula de los soldados alemanes al alzar la copa. Y de la lengua vecina, el catalán, procede el capicúa, ese número que se lee igual en los dos sentidos y que tantos guardaban como amuleto. Dieciocho palabras cotidianas y la lengua de la que llegaron, según la etimología del Diccionario de la lengua española.
Practicar gratis
PurFact te vuelve a mostrar cada tarjeta justo antes de que la olvides. Así se queda lo aprendido.