🦎
Gaudí y el modernismo
14 preguntas · Arte
El 7 de junio de 1926, un tranvía atropelló en la Gran Vía de Barcelona a un anciano mal vestido al que nadie reconoció. Lo llevaron a un hospital de pobres, y solo al día siguiente se supo quién era: Antoni Gaudí, el arquitecto más famoso de la ciudad, que murió el 10 de junio. Llevaba más de cuarenta años entregado a un solo proyecto, la Sagrada Familia, un templo cuyas obras habían empezado en 1882 y que asumió al año siguiente sabiendo que no lo vería terminado.
Su primera gran obra fue la Casa Vicens, en el barrio de Gràcia, cubierta de azulejos y llena de ecos mudéjares, y casi a la vez levantó en Comillas El Capricho, una villa de veraneo decorada con girasoles. Pero quien le cambió la vida fue Eusebi Güell, un industrial culto y rico que se convirtió en su mecenas: para él construyó el Palacio Güell junto a La Rambla, la cripta de la Colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló y el Parque Güell, donde una salamandra (el dragón, para los barceloneses) recibe a los visitantes cubierta de trencadís, el mosaico de fragmentos de cerámica que se convirtió en su firma. Gaudí también trabajó lejos de Cataluña: en la provincia de León dejó el Palacio Episcopal de Astorga, encargado por un obispo paisano suyo de Reus, y la Casa Botines, en pleno centro de la capital leonesa.
En el paseo de Gràcia firmó sus dos casas más célebres: la Casa Batlló, con un tejado que evoca el lomo de un dragón, y la Casa Milà, a la que los barceloneses pusieron enseguida un mote poco amable, «La Pedrera». Muy cerca, en la llamada «manzana de la discordia», Josep Puig i Cadafalch había construido la Casa Amatller, porque Gaudí no estaba solo: Lluís Domènech i Montaner levantó el Palau de la Música Catalana y el Hospital de Sant Pau, y entre los tres dieron a Barcelona el modernismo que hoy recorren millones de visitantes.
Practicar gratis
PurFact te vuelve a mostrar cada tarjeta justo antes de que la olvides. Así se queda lo aprendido.