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Gentilicios curiosos
20 preguntas · Idiomas
Que a los de Madrid se les llame madrileños o a los de Sevilla, sevillanos, no sorprende a nadie. Lo divertido empieza cuando el nombre de los habitantes no se parece en nada al de su ciudad. Quien nace en Huelva es onubense; quien nace en Badajoz, pacense; y el vecino de Alcalá de Henares es complutense, como la universidad que fundó allí el cardenal Cisneros en 1499 y que siglos después se llevó el nombre a Madrid. La explicación casi siempre es la misma: el gentilicio no sale del nombre actual, sino del antiguo. Onuba, Complutum, Lucus Augusti o Augusta Emerita dejaron de llamarse así hace muchos siglos, pero sus habitantes siguen siendo onubenses, complutenses, lucenses y emeritenses.
Así, Calatayud guarda el recuerdo de Bílbilis, la ciudad romana donde nació el poeta Marcial, y por eso sus vecinos son bilbilitanos; los de Elche son ilicitanos por la vieja Ilici, donde apareció la Dama; los de Huesca, oscenses por Osca, y los de Teruel, turolenses. Ciudad Rodrigo presume de mirobrigenses, Ávila de abulenses y Guadalajara de arriacenses, aunque allí también se oye alcarreño. San Sebastián, en cambio, toma el suyo del euskera: donostiarra, de Donostia.
Al otro lado del Atlántico el juego continúa con otras reglas. El porteño debe su nombre al puerto de Buenos Aires; el regiomontano, a una traducción latina de Monterrey, «monte del rey»; el penquista de Concepción, al lugar donde se fundó primero la ciudad chilena; y el tapatío de Guadalajara, en México, a una palabra de origen discutido. Veinte gentilicios que no se adivinan: hay que saberlos.
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