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Grace Hopper
10 preguntas · Sociedad y vida diaria
Grace Hopper, nacida en Nueva York en 1906, es una niña curiosa: a los siete años desmonta todos los despertadores de la casa para entender cómo funcionan. Estudia matemáticas, se doctora en Yale en 1934 y se hace profesora. Cuando Estados Unidos entra en la Segunda Guerra Mundial se alista en la Armada y la destinan a la Universidad de Harvard, donde trabaja en uno de los primeros grandes ordenadores de la historia: el Mark I, que pesa toneladas. La matemática se convierte así en una de las primeras programadoras del mundo.
Hopper tiene una idea visionaria: las personas no deberían tener que dar órdenes a los ordenadores en un críptico código numérico, sino con palabras parecidas a las de una lengua normal. En los años cincuenta desarrolla el primer «compilador», un programa que traduce a código de máquina instrucciones legibles para las personas. Muchos lo consideran al principio imposible. Su trabajo desemboca en COBOL, uno de los lenguajes de programación más influyentes que existen, que aún hoy funciona en bancos y administraciones.
Una anécdota la hizo inmortal: en 1947, los colegas de Hopper encontraron una polilla de verdad atrapada en un relé del ordenador, que lo había dejado fuera de servicio. Pegaron el insecto en el cuaderno de incidencias con la nota «primer caso real de bicho encontrado». Con ello popularizó el término «bug» para los fallos informáticos y «debugging» para su corrección.
Con un humor inconfundible y una agudeza militar, «Amazing Grace» se convierte en leyenda: vuelve varias veces al servicio activo y termina ascendida a contralmirante, una de las pocas mujeres con ese rango. Para explicar qué es un nanosegundo repartía trozos de cable de unos treinta centímetros: eso recorre la luz en ese tiempo diminuto. Un destructor de la Armada estadounidense, el USS Hopper, lleva hoy su nombre.
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