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Hedy Lamarr
10 preguntas · Sociedad y vida diaria
Hedy Lamarr, nacida en Viena en 1914 como Hedwig Kiesler, se convierte muy joven en estrella de cine y en escándalo: en la película checa «Éxtasis» (1933) aparece desnuda y en una escena de amor, lo que provoca revuelo en toda Europa. Su primer matrimonio, con el fabricante de armas Friedrich Mandl, es una jaula de oro; en las cenas de negocios de él con militares capta de pasada mucho sobre tecnología armamentística. En 1937 huye del matrimonio y del nacionalsocialismo que se avecina (según la leyenda, disfrazada) a Londres y de allí a Hollywood.
Allí la MGM la promociona como «la mujer más bella del mundo» y rueda con las mayores estrellas de su tiempo. Pero la fachada glamurosa esconde a una inventora indomable: en su tiempo libre, Lamarr trastea con ideas técnicas en una mesa de trabajo en lugar de ir a fiestas.
En plena Segunda Guerra Mundial la ocupa un problema: los torpedos guiados por radio podían ser interferidos por el enemigo, porque emitían en una frecuencia fija. Junto con el compositor George Antheil desarrolla un procedimiento ingenioso en el que emisor y receptor cambian de frecuencia de forma sincronizada y constante: el «salto de frecuencia». Como marcapasos les sirvió el principio de una pianola. En 1942 ambos obtienen una patente estadounidense.
El ejército apenas aprovechó entonces la idea, y el papel de Lamarr como inventora quedó desconocido durante décadas. Pero el principio básico del salto de frecuencia está hoy en el wifi, el Bluetooth y el GPS, tecnología que usan miles de millones de personas. El reconocimiento le llegó tarde; hoy, en varios países, el «día del inventor» se celebra en la fecha de su nacimiento, el 9 de noviembre.
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