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Henrietta Lacks
11 preguntas · Sociedad y vida diaria
En febrero de 1951, una mujer de treinta años de Turner Station, cerca de Baltimore, criada en los campos de tabaco de Virginia, acudió al hospital Johns Hopkins porque notaba un bulto en el vientre. Henrietta Lacks tenía cinco hijos y cáncer de cuello de útero. El hospital era el único de la zona que atendía a pacientes negros, y como era habitual entonces un médico le tomó durante la radioterapia dos pequeñas muestras de tejido, sin preguntar. En octubre de ese mismo año, Henrietta Lacks había muerto a los 31 años. Sus células, no.
Todas las células humanas conservadas hasta entonces en un laboratorio morían tras unas pocas divisiones. Estas no. Se duplicaban cada veinticuatro horas y no paraban. El investigador George Gey abrevió el nombre de la donante hasta convertirlo en una etiqueta (HeLa) y regaló los cultivos a quien se los pidiera. Por primera vez, la medicina disponía de un tejido humano que se podía multiplicar, enviar por correo y estudiar en mil laboratorios a la vez. Con él se probó la vacuna de la polio. Las células HeLa viajaron al espacio, sobrevivieron a ensayos nucleares y sirvieron para la investigación del cáncer, la fecundación in vitro, la comprensión del VIH y, últimamente, las vacunas contra la covid. Más de 110.000 trabajos científicos se apoyan en ellas.
Su familia no supo nada durante dos décadas. Solo en los años setenta, cuando unos investigadores quisieron de pronto muestras de sangre de los hijos, comprendieron que una parte de su madre seguía existiendo y se comerciaba por todo el mundo. Las células HeLa podían pedirse por catálogo; la familia, en algunos periodos, no tenía seguro médico. La periodista Rebecca Skloot convirtió esta historia en un libro en 2010 que estuvo meses en las listas de más vendidos y devolvió a una etiqueta de laboratorio su condición de persona.
En 2013, la familia acordó con las autoridades sanitarias estadounidenses participar en las decisiones sobre el uso del genoma HeLa. En 2023, en el que habría sido el 103.º cumpleaños de Henrietta, llegó a un acuerdo con una empresa de biotecnología que llevaba décadas lucrándose con las células. La Organización Mundial de la Salud la homenajeó en 2021 nombrando las dos cosas a la vez: su aportación a la ciencia y la injusticia cometida con ella.
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