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Homero
12 preguntas · Literatura
Al principio de la literatura europea no hay un libro, sino una voz: la de un cantor que, acompañado de la lira, recitaba de memoria miles de versos ante un público que conocía las historias y aun así quería volver a oírlas. De esa tradición oral salieron, hacia el siglo VIII a. C., las dos epopeyas que la Antigüedad atribuyó a un solo hombre llamado Homero: la «Ilíada» y la «Odisea», unos 28 000 versos en total.
La «Ilíada» no cuenta la guerra de Troya entera, como suele creerse, sino apenas cincuenta y un días del décimo año de asedio, y su verdadero tema es otro: la cólera de Aquiles. La primera palabra del poema en griego es precisamente «mênis», ira. La «Odisea», en cambio, es el poema del regreso: diez años de naufragios, islas y monstruos hasta que Odiseo vuelve a Ítaca, donde Penélope mantiene a raya a los pretendientes tejiendo de día un sudario que deshace de noche. Entre las escenas más famosas está el episodio del cíclope Polifemo, al que el héroe ciega tras decirle que se llama «Nadie».
De la persona de Homero no se sabe prácticamente nada seguro. La tradición lo imaginaba ciego, y siete ciudades griegas se disputaban el honor de haberlo visto nacer. Desde el siglo XVIII, los eruditos discuten la llamada «cuestión homérica»: ¿un solo poeta, varios, o el nombre que se dio a toda una tradición de cantores? Lo que no se discute es la huella. El hexámetro dactílico que emplean ambos poemas se convirtió en el metro clásico de la epopeya antigua, de Virgilio a Ovidio; y la palabra «odisea» significa hoy, en decenas de lenguas, un viaje largo y accidentado. Cuando James Joyce quiso escribir la novela de un solo día en Dublín, la organizó según las estaciones del regreso de Odiseo y la tituló «Ulises».
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