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Homo floresiensis (el «hobbit»)
12 preguntas · Ciencia
Cuando en 2003 apareció un esqueleto en la cueva de Liang Bua, en la isla indonesia de Flores, los excavadores lo tomaron al principio por un niño. Luego las muelas del juicio desgastadas y las suturas craneales soldadas mostraron otra cosa: era una mujer adulta de alrededor de 1,06 metros y con un cerebro de unos 420 centímetros cúbicos, similar al de un chimpancé. La prensa la bautizó «hobbit», la ciencia llamó a la nueva especie Homo floresiensis, y empezó una de las polémicas más duras de la paleoantropología: ¿se trataba simplemente de una persona de nuestra especie con enanismo patológico? Tras veinte años de debate, casi todo desmiente la tesis de la enfermedad: los huesos de la muñeca, la mandíbula y la estructura del pie son arcaicos, y se conocen restos de al menos una docena de individuos. Lo más probable es el enanismo insular: en islas aisladas, con alimento limitado y sin grandes depredadores, las especies grandes encogen a lo largo de generaciones mientras las pequeñas crecen. En Flores, en efecto, vivían elefantes enanos y ratas gigantes, y sobrevolaba todo ello una cigüeña de 1,80 metros. Pese a su cerebro diminuto, aquellos humanos fabricaban herramientas de piedra y cazaban. Vivieron en Flores hasta hace unos 50.000 años y desaparecieron más o menos cuando los humanos modernos llegaron a la región. En 2019 se sumó en Filipinas un segundo humano insular de baja estatura, Homo luzonensis: el patrón no fue un caso aislado.
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