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Jamones y embutidos de España
16 preguntas · Comida y bebida
La matanza del cerdo fue durante siglos el gran acontecimiento del invierno en los pueblos de España: de ella salían los jamones que se colgaban a curar y los embutidos que alimentaban a la familia durante todo el año. De esa tradición nacieron productos que hoy se protegen con denominaciones de origen. En Guijuelo, en la provincia de Salamanca, el frío seco de la sierra cura buena parte del jamón ibérico del país. En la Sierra de Aracena, la denominación Jabugo (que hasta 2016 se llamaba Jamón de Huelva) ampara el ibérico de bellota de las dehesas onubenses, y en la Alpujarra granadina el aire de Sierra Nevada seca los jamones de Trevélez. Teruel se adelantó a todos: su jamón fue el primero de España con denominación de origen, en 1984.
Los embutidos cambian con el paisaje. Mallorca unta en pan su sobrasada roja; Cataluña cura el fuet, largo y fino como un látigo, y el salchichón de Vic en las nieblas de Osona; Aragón presume de la longaniza de Graus. En El Bierzo, el botillo se rellena de costilla y rabo adobados, y en Burgos la morcilla lleva arroz y cebolla. Asturias ahúma el chosco de Tineo, y en Galicia el lacón, la paleta curada, se cuece con grelos para carnaval.
También el sur y las islas tienen su sello. En Extremadura, la patatera mezcla grasa de ibérico, patata y pimentón; en la Comunidad Valenciana, Requena protege su embutido; en Gran Canaria, el chorizo de Teror es tan blando que se unta; y el chorizo de Pamplona, de grano fino, se ha convertido en el clásico del bocadillo. Detrás de cada uno hay un clima, una raza de cerdo y una receta de familia.
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