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John Singer Sargent
18 preguntas · Arte
John Singer Sargent es una paradoja con pasaporte: americano, nacido en 1856 en Florencia, y europeo de vida entera: hablaba varios idiomas con fluidez y se sentía igual de en casa en Londres, París y Venecia. Fue el retratista más solicitado de su tiempo: pintó más de 900 óleos, entre ellos a muchos de los más ricos de ambos continentes; poseer un Sargent era un símbolo de estatus. Su marca era la pincelada virtuosa y suelta: pintaba a menudo en pocas sesiones, con trazos rapidísimos y seguros: de cerca parecen casi abstractos, de lejos cobran vida.
Su escándalo fundacional fue «Madame X» (1884): una dama de la alta sociedad parisina en un atrevido vestido negro: en la versión original, un tirante resbalaba del hombro. El revuelo fue tal que Sargent lo repintó y se mudó de París a Londres, donde «Lady Agnew of Lochnaw» lo consagró definitivamente como estrella de la alta sociedad. Pero había más en él que el brillo: «Las hijas de Edward Darley Boit», cuatro niñas perdidas en una sala enorme y oscura, es un retrato familiar enigmático y moderno; «Clavel, lirio, lirio, rosa» (niñas con farolillos en el crepúsculo) lo pintó cada día solo durante los pocos minutos de la luz exacta; y «El Jaleo», la bailaora de flamenco a contraluz dramática, es fruto de su viaje a España.
De los encargos acabó hastiado: «¡Otra maldita cara!», se le escapó una vez y en sus últimos años prefirió paisajes, acuarelas y murales. Y dejó una obra muy distinta: «Gaseados» (1919), el friso monumental de más de seis metros con soldados cegados por el gas mostaza avanzando en fila: su estremecedora acusación contra la Primera Guerra Mundial. Murió en Londres en 1925.
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