🔤
Juegos de palabras
18 preguntas · Idiomas
El idioma se deja jugar, y con una paciencia notable. Se pueden barajar sus letras hasta que „Roma“ se convierta en „amor“: eso es un anagrama, y el mismo truco le valió a Salvador Dalí el apodo burlón de „Avida Dollars“. Se pueden construir frases que se leen igual en los dos sentidos, como „Dábale arroz a la zorra el abad“ o „Anita lava la tina“, y entonces hablamos de un palíndromo. Se puede meter todo el abecedario en una sola línea („El veloz murciélago hindú comía feliz cardillo y kiwi“ es el pangrama español más citado) o, al revés, esquivar una letra durante páginas enteras: la traducción española de la novela de Georges Perec, „El secuestro“, prescinde por completo de la „a“. Eso es un lipograma.
Luego está el oficio de abreviar. Si OTAN se pronuncia como una palabra, es un acrónimo; si el ADN se deletrea letra por letra, es una sigla. Y cuando alguien inventa un significado para una abreviatura que ya existía („Save Our Souls“ para el SOS, elegido en realidad por su ritmo sencillo en morse), aparece un retroacrónimo. Dos palabras fundidas en una dan una palabra baúl como „cantautor“ u „ofimática“; si el término es completamente nuevo, se trata de un neologismo.
El resto de este paquete es puro recreo: la metátesis, que cambia sonidos de sitio y explica por qué decimos „murciélago“; el calambur, que reparte las sílabas de otra manera hasta que „entre el clavel blanco y la rosa roja“ esconde otra cosa; el ambigrama, legible también boca abajo; el tautograma, donde cada palabra empieza por la misma letra; el acróstico, que oculta un nombre en las primeras letras de cada verso (Fernando de Rojas firmó así „La Celestina“); el trabalenguas; el homófono, que suena igual y se escribe distinto; el autoantónimo, que significa una cosa y su contraria; y la paronomasia, que junta palabras casi idénticas para sacarles chispa.
Practicar gratis
PurFact te vuelve a mostrar cada tarjeta justo antes de que la olvides. Así se queda lo aprendido.