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La evolución humana: panorama
15 preguntas · Ciencia
La historia de la evolución humana no es una escalera, sino una maleza. Esa famosa lámina en la que un simio encorvado se convierte, en cuatro pasos, en un señor erguido con traje es el malentendido más tenaz de la paleoantropología: en realidad casi siempre convivieron varias especies humanas, unas veces juntas, otras en continentes distintos, y la mayoría de las ramas terminó sin descendencia. Hace apenas 60.000 años compartían la Tierra Homo sapiens, los neandertales, los denisovanos, el hombre enano de Flores y probablemente Homo luzonensis. Que hoy estemos solos es la excepción, no la regla. Igual de falsa es la idea de que el ser humano desciende del chimpancé. Los chimpancés no son antepasados, sino primos: ambas líneas proceden de un antepasado común que vivió en África hace unos seis o siete millones de años y no era ni chimpancé ni humano. El camino desde allí pasó por una serie de reformas que rara vez llegaron juntas. Primero la marcha erguida, atestiguada por las huellas de Laetoli de hace 3,6 millones de años: mucho antes de que creciera el cerebro. Luego las herramientas, luego el fuego, que abrió los alimentos y regaló tiempo, luego un cerebro que casi se triplicó en unos tres millones de años y hoy consume alrededor de una quinta parte de nuestra energía. Y por último, lo que no deja huesos: el lenguaje, los relatos, el arte. Lo que los fósiles callan lo cuenta hoy el ADN: incluso el que queda en el sedimento de una cueva donde ya no hay ni un hueso.
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