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Literatura hispanoamericana
19 preguntas · Literatura
En 1888, en Valparaíso, un joven nicaragüense que trabajaba en la aduana publicó un librito titulado «Azul…». Se llamaba Rubén Darío, y con aquellos cuentos y poemas puso en marcha el modernismo, el primer movimiento literario nacido en América que cruzó el Atlántico en dirección contraria y cambió la poesía de España. Poco después, el cubano José Martí, que escribía entre conspiración y conspiración contra el dominio español, firmaba unos «Versos sencillos» que hoy medio mundo canta sin saberlo en la «Guantanamera». Siglos antes, en el México virreinal, una monja había demostrado que la mejor poesía barroca en español también se escribía allí: Sor Juana Inés de la Cruz.
El siglo XX fue el gran siglo de América. Gabriela Mistral asombró con «Desolación», Pablo Neruda enamoró a generaciones con sus «Veinte poemas de amor y una canción desesperada» y luego quiso contar el continente entero en el «Canto general». Jorge Luis Borges convirtió las bibliotecas, los espejos y los laberintos en literatura con «Ficciones» y «El Aleph», mientras Octavio Paz buscaba en «El laberinto de la soledad» qué significa ser mexicano. Alejo Carpentier defendía que en América lo real maravilloso no hacía falta inventarlo, y Juan Rulfo, con apenas dos libros, escribió en «Pedro Páramo» una novela poblada de muertos que susurran.
En los años sesenta llegó el «boom latinoamericano»: Julio Cortázar dejó que el lector eligiera el orden de «Rayuela», Mario Vargas Llosa retrató un colegio militar de Lima en «La ciudad y los perros», Carlos Fuentes hizo morir a Artemio Cruz recordando la Revolución mexicana, y Gabriel García Márquez fundó Macondo. Con ellos, editoriales de Barcelona y lectores de todo el mundo descubrieron a autores tan distintos como el uruguayo Juan Carlos Onetti, el Mario Benedetti de «La tregua» o, ya en los ochenta, la chilena Isabel Allende y su «La casa de los espíritus».
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