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Marco Aurelio
13 preguntas · Filosofía
Marco Aurelio, nacido en 121 d. C. en Roma, es el raro caso en que el sueño de Platón se hizo realidad: un filósofo en el trono. El emperador Adriano se fija en aquel muchacho serio; por vía de adopciones queda designado sucesor y gobierna desde el 161 el Imperio romano: primero junto a su hermano adoptivo Lucio Vero, después en solitario. Pasa por el último de los «cinco buenos emperadores», bajo los que Roma vivió su época más feliz.
Pero su gobierno es todo menos tranquilo: guerras contra los partos, devastadoras guerras marcomanas en el Danubio y, encima, la «peste antonina», que despuebla el Imperio. Y justamente en los campamentos de esas guerras nace de noche su obra célebre: las «Meditaciones» (literalmente «A sí mismo»), notas escritas en griego y nunca destinadas a publicarse: el libro más íntimo que un gobernante haya dejado jamás. En él, el hombre más poderoso del mundo se exhorta a sí mismo a la humildad, al cumplimiento del deber y a la serenidad, como buen discípulo de la Estoa de Epicteto: no te alteres por lo que no puedes cambiar; lo que te perturba no es la cosa, sino tu juicio sobre ella. Y una y otra vez, la conciencia de lo efímero: «Pronto lo habrás olvidado todo; pronto todos te habrán olvidado a ti».
Marco Aurelio muere en 180 en el campamento, probablemente en Vindobona (Viena) o cerca de Sirmio. Con su hijo y sucesor Cómodo, la serie de los buenos emperadores se rompe de golpe, para muchos historiadores, el principio del fin del esplendor romano.
¿Sabías que sus «Meditaciones» son hoy un superventas mundial, leído por políticos, deportistas y directivos?
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