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Maurice Ravel
14 preguntas · Música
Maurice Ravel nace en 1875 en Ciboure, en el País Vasco francés, a un paso de la frontera española: de madre vasca y padre ingeniero suizo. Las dos herencias se le notan. Por un lado, los ritmos y los colores españoles recorren su obra entera. Por otro, la precisión: Stravinski lo llamó, con admiración, «un relojero suizo», y es la descripción más exacta que se ha hecho de su música.
Se lo suele meter en el mismo saco que a Debussy, pero construye de otra manera, más clara y más calculada. Su obra más famosa es el «Bolero», de 1928, escrito para la bailarina Ida Rubinstein: un solo tema, un solo ritmo, quince minutos de crescendo continuo. Él mismo lo llamaba, entre bromas y veras, «una obra para orquesta sin música», y fue el primer sorprendido por su éxito. Otra de sus piezas más queridas es la «Pavana para una infanta difunta»; cuando le preguntaron por el título respondió que no tenía nada que ver con la composición: simplemente le gustó cómo sonaban aquellas palabras.
Es, además, el mayor orquestador de la historia para mucha gente: su versión orquestal de los «Cuadros de una exposición» de Músorgski es hoy más conocida que el original para piano. Que ese hombre suspendiera una y otra vez el Premio de Roma provocó en 1905 un escándalo tan grande que el director del Conservatorio de París tuvo que dimitir.
En la Primera Guerra Mundial sirvió como conductor de camión (para aviador pesaba demasiado poco) y bautizó a su camión «Adélaïde». A partir de 1932, una enfermedad cerebral fue quitándole poco a poco la capacidad de escribir y de hablar: la música seguía en su cabeza y ya no podía sacarla. Murió en 1937 tras una operación arriesgada. No se casó nunca; vivía en Le Belvédère, su casa llena de juguetes mecánicos, con sus gatos siameses.
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