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Mitos y leyendas hispanas
15 preguntas · Mitología
En cualquier pueblo de habla hispana hay una abuela que sabe qué no hay que hacer de noche. En Galicia, no salir a los caminos cuando pasa la Santa Compaña, la procesión de ánimas que arrastra a un vivo con una cruz delante; y aunque nadie cree en las meigas, «haberlas, haylas». En Asturias, no acercarse a las cuevas donde el Cuélebre, una serpiente alada, guarda tesoros y xanas encantadas. En el País Vasco, el Basajaun cuida los rebaños desde el bosque, y en las cuevas del Anboto vive Mari, la gran señora de las tormentas. Y en toda España los niños que no se duermen saben que «viene el Coco».
Al otro lado del Atlántico, las leyendas se mezclaron con las de los pueblos indígenas y africanos. Por los ríos de México y de media América vaga una mujer gritando «¡Ay, mis hijos!»: es la Llorona. En Centroamérica, los borrachos y los infieles temen a la Siguanaba, bella de espaldas y con cara de caballo cuando se gira, y los caminantes nocturnos a los que sigue el Cadejo, un perro de ojos rojos. En los montes colombianos acecha la Patasola, que salta sobre un único pie. Y en 1995 Puerto Rico dio al mundo una criatura nueva: el Chupacabras, acusado de desangrar ovejas y gallinas.
Las leyendas también movieron ejércitos y corazones. El rito de un cacique muisca cubierto de oro en la laguna de Guatavita alimentó durante siglos la búsqueda de El Dorado, y la tradición cuenta que Juan Ponce de León llegó a la Florida buscando la Fuente de la Eterna Juventud. En Teruel, Isabel y Diego, los amantes que murieron de amor, reposan juntos en un mausoleo, y en Burgos se enseña la Tizona, la espada que la leyenda pone en manos del Cid. Quince historias para contar a la luz de una vela.
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