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Música clásica española
16 preguntas · Música
La música clásica española tiene una banda sonora que casi todo el mundo ha oído sin saber su nombre. Empieza en el Renacimiento con Tomás Luis de Victoria, el polifonista abulense que trabajó en Roma y cerró su obra con un réquiem sobrecogedor para la emperatriz María. Siglos después, a finales del XIX, un pianista prodigio de Camprodón, Isaac Albéniz, que según la leyenda se escapaba de casa para dar conciertos, convirtió el folclore andaluz en los doce cuadernos de «Iberia» y en una pieza, «Asturias», que hoy suena sobre todo a guitarra. Su amigo Enrique Granados pintó con notas los cuadros de Goya en «Goyescas» y murió en 1916 en el canal de la Mancha, cuando el barco en el que volvía de Nueva York fue torpedeado.
El gran nombre del siglo XX fue el gaditano Manuel de Falla: la gitana Salud de «La vida breve», la «Danza ritual del fuego» de «El amor brujo» y el molinero de «El sombrero de tres picos», que Diaghilev estrenó en Londres con decorados de Picasso. Joaquín Rodrigo, ciego desde los tres años, escribió en braille el «Concierto de Aranjuez», cuyo adagio han versionado desde Miles Davis hasta las orquestas de verbena. Mientras tanto, en los teatros de Madrid triunfaba la zarzuela: Tomás Bretón con «La verbena de la Paloma», Ruperto Chapí con «La revoltosa» y Federico Chueca con «La Gran Vía».
Y luego están los intérpretes. El pamplonés Pablo Sarasate deslumbró a media Europa con su violín y sus «Aires gitanos»; Pau Casals rescató las suites para violonchelo de Bach y cerraba sus conciertos en el exilio con «El cant dels ocells»; Andrés Segovia sentó la guitarra en las grandes salas de concierto. Alicia de Larrocha hizo de Albéniz y Granados su repertorio de cabecera, Montserrat Caballé cantó «Barcelona» junto a Freddie Mercury y Plácido Domingo llenó estadios con «Los Tres Tenores».
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