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Squash: fundamentos
8 preguntas · Deporte
Hay deportes que nacieron en un campo y otros en un salón; el squash nació, según la tradición, entre los muros de un colegio inglés. Hacia 1830, los alumnos de Harrow School descubrieron que una pelota de rackets, aplastada de tanto golpearla, botaba de forma distinta y hacía el juego mucho más rápido. Aquel «squash» (de to squash, aplastar) acabó convirtiéndose en un deporte con pista propia: una sala cerrada en la que los dos rivales golpean contra la misma pared frontal, por turnos, y comparten cada metro cuadrado.
Las reglas básicas caben en pocas líneas. En un partido individual se enfrentan dos jugadores, y con el sistema moderno de «punto por jugada» cada juego se disputa a 11 puntos, con dos de ventaja, normalmente al mejor de cinco. La pelota solo puede botar una vez en el suelo antes de ser devuelta; si bota dos, el punto se pierde. Y por debajo de la chapa metálica de la pared frontal, el tin, no se puede golpear: tocarla acaba el peloteo al instante.
De ahí salen los golpes que todo aficionado aprende pronto. La paralela, pegada a la pared lateral, empuja al rival hacia el fondo; la dejada, que muere cerca de la esquina delantera, lo obliga a sprintar hacia delante. Y la pelota, blanda y casi sin bote en frío, hay que calentarla a base de golpes: los puntos de colores indican cuánto bota, y el doble punto amarillo, el más lento, es el de los profesionales.
En este paquete repasas esas ideas esenciales: contra qué se juega, cuántos jugadores hay, hasta cuántos puntos llega un juego, cuántos botes se permiten y cómo se llaman la chapa, la paralela, la pelota y la dejada.
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