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Supervivencia: primeros auxilios
15 preguntas · Salud
Los primeros auxilios en plena naturaleza son primeros auxilios en condiciones agravadas: la ambulancia no está a ocho minutos sino a horas, y el clima nunca ayuda. Por eso todo empieza con una regla que suena banal y salva vidas: protegerse primero, porque un segundo herido duplica el problema. El gran enemigo de las latitudes templadas es el frío, y le gusta engañar: la alarma no es que alguien tirite con violencia, sino que el tiriteo cese: entonces el cuerpo ha gastado sus últimas reservas. Algunos hipotérmicos graves sienten incluso un calor repentino y se desnudan; los especialistas lo llaman desnudo paradójico. Quien encuentra a una persona así la trata como a un huevo crudo: sin movimientos bruscos, sin frotar los miembros, calor lento y primero en el tronco. Los dedos congelados tampoco se frotan y menos con nieve. Igual de traicionera es la aritmética del viento y el agua: cinco grados con lluvia y rachas roban el calor corporal más rápido que una helada seca y quieta; la mayoría de las hipotermias ocurren por encima de cero. En el otro extremo está el golpe de calor, reconocible por la piel caliente y seca y la confusión: una emergencia de verdad: enfriar sin contemplaciones y pedir ayuda. Entre ambos polos queda el día a día del aire libre: la garrapata que se extrae despacio y recto, el anillo rojo que delata el Lyme días después, la mordedura de víbora en la que succionar y los torniquetes pertenecen al Oeste y hacen daño, la ampolla que conviene almohadillar antes que pinchar, el tobillo torcido para el que se inventó la regla RICE. Y con los inconscientes, el campo añade un mandamiento: el suelo roba calor: quien no aísla y arropa, pierde al paciente por el frío.
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