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Theodor Fontane
11 preguntas · Literatura
Theodor Fontane es el ejemplo más luminoso de una obra maestra tardía. Nació en 1819 en Neuruppin, se formó como boticario y ejerció esa profesión durante años; después fue periodista, corresponsal en Londres y crítico teatral en Berlín. Recién cumplidos los sesenta se dedicó por entero a la novela, y sus grandes libros son todos obra de un anciano: «Effi Briest» apareció cuando ya pasaba de los setenta y cinco.
Su tema es la sociedad prusiana y la violencia silenciosa de sus convenciones. Effi Briest, casada muy joven con un hombre bastante mayor, tiene un breve desliz cuyo descubrimiento, años después, destruye su vida: no por pasión, sino porque el código del honor exige que se la destruya. La novela se lee como la respuesta alemana a «Madame Bovary» y a «Ana Karénina». En «Errores y extravíos», un noble y una modista sencilla se aman y tienen que doblegarse ante las diferencias de clase. Y «El Stechlin», su última novela, la resumió él mismo con una ironía perfecta: «al final se muere un viejo y se casan dos jóvenes».
Lo que hace a Fontane insustituible es el diálogo. Sus personajes hablan como habla la gente: de lado, con medias frases, sin decir nunca del todo lo que quieren decir; y en ese margen cabe todo lo que la sociedad prohíbe nombrar. De ahí viene también su lema más citado, la fórmula de la serenidad y de la evasiva a la vez: «Das ist ein weites Feld», eso es un campo muy vasto.
Fuera de las novelas dejó dos cosas que en Alemania conoce todo el mundo: los «Paseos por la Marca de Brandeburgo», varios tomos sobre castillos, pueblos e historias de su tierra que siguen marcando la mirada sobre esa región; y la balada del señor von Ribbeck, el terrateniente bondadoso que regala peras a los niños del pueblo y encuentra la manera de seguir haciéndolo después de muerto.
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