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Tradiciones navideñas hispanas
15 preguntas · Sociedad y vida diaria
En España la Navidad no empieza con un villancico, sino con un número cantado. Cada 22 de diciembre, los niños del colegio de San Ildefonso de Madrid sacan bolas de los bombos de la Lotería de Navidad y medio país contiene la respiración esperando oír el premio que todos llaman el Gordo. Dos días después llega la Nochebuena, la gran cena familiar, que muchos rematan en la iglesia con la Misa de Gallo. En el País Vasco y Navarra, esa misma noche baja de los montes el Olentzero, un carbonero bonachón cargado de regalos, mientras en Cataluña los niños llevan días alimentando al Tió de Nadal, un tronco con cara sonriente al que acaban dando palos para que «cague» dulces. En el belén catalán no falta tampoco el caganer, el pastorcillo agachado en un rincón con los pantalones bajados.
El 26 de diciembre, día de Sant Esteve, Cataluña se come en forma de canelones lo que sobró de la comida de Navidad, y el 28 llegan las bromas del Día de los Santos Inocentes. Tras las uvas de Nochevieja, la tarde del 5 de enero se llena de caramelos con las cabalgatas de los Reyes Magos, y a la mañana siguiente se reparte el roscón de Reyes, con su haba y su sorpresa escondidas.
Al otro lado del Atlántico, la fiesta tiene otros colores. En Colombia, la noche del 7 de diciembre se encienden velas y faroles en el Día de las velitas. En México, desde el 16 de diciembre, nueve posadas recuerdan el peregrinaje de José y María, y quien encuentra el muñequito en la rosca invita a tamales el 2 de febrero, día de la Candelaria. En Puerto Rico las parrandas van de casa en casa cantando aguinaldos al son del cuatro y el güiro, y en Venezuela no hay mesa navideña sin hallacas ni pan de jamón.
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