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Minamoto no Yoritomo
10 preguntas · Historia
Minamoto no Yoritomo aún no había cumplido trece años cuando el mundo de su familia se vino abajo. Su padre, Minamoto no Yoshitomo, se había alzado contra los Taira en la rebelión Heiji, fue derrotado y murió en la huida a comienzos de 1160. También Yoritomo cayó prisionero. Según la tradición, debió la vida a Ike no Zenni, la madrastra del vencedor: pidió a Taira no Kiyomori que perdonara al muchacho porque le recordaba a un hijo que había perdido de niño. Kiyomori lo desterró a Izu y cometió así el error más grave de su vida.
Durante veinte años Yoritomo vivió vigilado en el exilio. Rezaba, salía de caza y se enamoró de Hōjō Masako, hija de un guerrero local que en realidad debía vigilarlo. La boda convirtió a los Hōjō en sus aliados más importantes. Cuando en 1180 un príncipe imperial llamó a la lucha contra los Taira, Yoritomo se levantó. El comienzo fue un desastre: en Ishibashiyama su pequeño ejército fue aplastado, y él solo escapó escondiéndose en un árbol hueco, o al menos así lo cuenta la leyenda.
Pero los guerreros del este acudieron en masa a su lado. Yoritomo instaló su cuartel general en Kamakura, lejos de la corte imperial de Kioto, y dejó las campañas en manos de sus hermanos. Cuando su medio hermano Yoshitsune decidió la guerra en 1185, Yoritomo vio en el héroe aclamado sobre todo a un rival y lo hizo perseguir hasta que Yoshitsune halló la muerte junto a los Fujiwara en Hiraizumi en 1189. Al mismo tiempo tendió sobre todo el país una red de gobernadores militares y administradores de fincas.
En 1192 el emperador le concedió el título de sei-i taishōgun. Empezó así un gobierno de guerreros que marcaría Japón durante casi 700 años. A Yoritomo le quedó poco tiempo: murió a comienzos de 1199, al parecer a consecuencia de una caída del caballo. Le sucedió su hijo Yoriie, pero el poder real pasó pronto a la familia de su viuda. Masako, que se hizo monja tras su muerte, dirigió la política con tanta firmeza que la llamaron la «shogun monja». El Tsurugaoka Hachiman-gū, que Yoritomo trasladó a su emplazamiento actual en Kamakura, sigue recibiendo hoy a innumerables visitantes.
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